A la cantautora urbana, que este sábado llevará su “flow latino” a la Cumbre del Rock, le gusta juntarse con amigos en Casa de Cena e ir a las mezcalerías de Ciudad de México, donde vivió siete años.

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Enero 25, 2018

—Un buen lugar para ir con los amigos.

Casa de Cena, un clásico chileno y siempre abierto de madrugada (Almirante Simpson 20). Con las amistades más cercanas nos reunimos después de esos shows que terminan tarde. A esa hora el ajíaco y la leche nevada cierran la noche con gloria”.

—Viviste en Ciudad de México. ¿Qué lugar hay que visitar allá?

La Colonia Roma (un barrio) y los locales secretos que la rodean y que sostienen la vida sibarita y cultural del DF. También, las mezcalerías y pulquerías, donde hay que ir a entregarse a una nueva experiencia de tradición en torno al maguey, pariente del ágave”.

—¿El mejor disco del 2017?

“Me gusta La Chusma Inconsciente, de Evelyn Cornejo. Ella tiene la herencia de Violeta, con canciones que despiertan a las fieras. Es talento puro. También, Andrés Landon, solista múltiple, creador de arreglos perfectos con cada nota que toca, y escritor de letras lanzadas, pero nunca al vacío. Escuchen Dios no existe, adelanto de su nuevo disco Esquimal” (en Spotify).

—¿Qué músico nuevo hay que escuchar?

“Varios: Ikanusi, Torta Golosa, Planta Karnívora, Los Bárbara Blade. Tienen distintas maneras de hacer música, más o menos convencionales. Todos aportan frescura, sabor latino, crítica y humor. También, hay dos argentinas que me matan: las hiphoperas Sara Hebe y Nathy Peluso”.

—¿Un libro para estas vacaciones?

“La saga Los hijos de la Tierra, de Jean M. Auel, que habla de la prehistoria. Para apagar esta realidad y experimentar otro cotidiano”.