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Los nuevos clubes sociales que renuevan el perfil del centro

De repente, en apagadas esquinas del centro de Santiago aparecieron casonas remodeladas, con fachadas coloridas y convertidas en tiendas de diseño, librerías, galerías de arte, peluquerías, estudios de yoga y salas de cueca. Todo en uno. Son los nuevos clubes sociales, hasta donde no sólo llega la gente del barrio, sino jóvenes interesados en seguir […]

De repente, en apagadas esquinas del centro de Santiago aparecieron casonas remodeladas, con fachadas coloridas y convertidas en tiendas de diseño, librerías, galerías de arte, peluquerías, estudios de yoga y salas de cueca. Todo en uno. Son los nuevos clubes sociales, hasta donde no sólo llega la gente del barrio, sino jóvenes interesados en seguir lo que está de moda.

En 2010, en el distrito Camden de Londres, apareció un curioso espacio “multipropósito” (“multi-purpose venue”). Se llama Drink, Shop & Do y tiene un café que se convierte en bar de noche, decorado con muebles retro y hasta donde llegan los jóvenes amantes del jazz y la música indie.

Juegan Scrabble y tienen tardes de lectura, las que acompañan con diferentes cocteles. Ahí mismo, también, toman clases de swing y yoga. En Escocia, en tanto, en Edimburgo, hace cuatro años que se puso de moda un lugar llamado The Forest. Ahí, al lado de un café vegetariano, funciona una galería de arte, un teatro, un centro de yoga y masajes, y una escuela de idiomas. Causa furor entre los jóvenes y los no tanto. Encuentran lo que necesitan y gente diversa para conocer.

Años antes en Santiago, en 1997, el Espacio Gárgola, ubicado en calle Maipú, en pleno barrio Yungay, abrió sus puertas convertido en un taller de muebles, a cargo del diseñador Roberto Baltra, tataranieto del naturalista Ignacio Domeyko. Con el tiempo compró la casa de 1920 y fue sumando tiendas de accesorios, una galería de arte, un café y un restaurante de cocina y repostería chilena.

En junio de 2012, los dueños del bar The Clinic pensaron en abrir un espacio para la gente que estaba llegando a la renovada calle Merced. Así, en la ex casona Ariztía, concibieron un proyecto de tienda de vinilos, otra de juguetes para adultos, un café, un cine y un salón para fiestas de música, todo repartido en dos pisos dentro de un mismo lugar. Así, en octubre de ese mismo año, abrió el Espacio Radicales, en la esquina de Monjitas con Miraflores, el que desde entonces funciona como una meca hasta donde peregrinan jóvenes de más arriba de Plaza Italia para escuchar a los cantantes de moda, como Gepe, Manuel García y Alex Anwandter, entre otros.

Como el contagio de las buenas ideas es fuerte, artistas idearon proyectos similares, a menor escala, que reunieran varias atracciones. Más de corte artístico, vegetariano, y de artículos de diseño. A estas alturas ya van cinco abiertos en casonas remodeladas y de atractiva decoración.

CENTRO HIP
El término hipster se acuñó en los años 40 en EE.UU., para indicar a los seguidores del jazz. A comienzos del 2000, los neoyorkinos lo pusieron de moda para sindicar a esos jovenes de pantalones pitillos, con mocasines y camisas, que se paseaban por el barrio de Williamsburg, en Brooklyn. En Chile, viene dando vueltas hace un buen tiempo, para gusto y disgusto de los locales. Se trata de un grupo social amante de la música y el arte independiente con estilo, del cuidado diseño interior, de la literatura beat, y de un look estudiado, cargado al vintage. Este grupo sigue las últimas tendencias de la moda, come sano y gusta de pasear a sus mascotas.

Varios de estos prototipos llegan a la esquina de Miraflores con Santo Doming, a la Casa Ecolety, que lleva ocho meses abierta al lado de tres cafés y una panadería francesa. La creó la artista Leticia Silva, para reunir a sus amigos artistas, orfebres y diseñadores. En el primer piso puso la librería “Los Perros Románticos”, donde además de talleres de literatura, se hacen lanzamientos de libros. Como el que se viene el domingo 31 con el de La novia de Borges, de Omar Pérez.

Ahí mismo, hay una tienda de diseño punk, otra de ropa femenina, una zapatería de autor y otra de cosméticos orgánicos. ¿Arriba? Un estudio de tatuajes, una peluquería, una galería de arte y salas de terapeutas. “No somos sólo un conjunto de tiendas, sino también un punto de reunión social. Organizamos talleres, ferias de diseño cada quincena, shows de cuentacuentos y tés familiares algunos domingos. Los sábados siempre hay un recital fijo, a las 8 PM”, cuenta Silva.

Los niños también tienen cabida acá: mañana a las 11 AM, de hecho, hay una clase de yoga infantil gratuita. Eso, además de un taller de orfebrería para todos ($ 3.000 las dos horas). El viernes 29, en tanto, los muralistas Mono González e Inti (el que intervino los muros del Metro Bellas Artes) darán una charla sobre arte urbano.

Generalmente, instalar este tipo de lugares está ligado a la revitalización de barrios viejos de la ciudad, y sucede en todo el mundo. Un ejemplo, es el espacio Swinton & Grant, en Madrid, un híbrido entre una galería de arte hip, cafetería y librería que abrió hace poco en el barrio Lavapiés, que desde hace un tiempo ya tiene un sello multicultural y bohemio, hasta donde llegan los habitantes más pudientes de la capital.

Algo similar sucede en el barrio Esmeralda hace tres años. Ahí, frente a la Posada del Corregidor, está la Casona Esmeralda 716. Funciona desde fines del año pasado y en ella conviven dos tiendas de ropa, salas para yoga, danza como la capoeira y pilates para los jóvenes sub 30, vecinos del Parque Forestal. Las actividades se organizan de martes a viernes de 7.30 AM a 1 PM, en horarios que se avisan en su página de Facebook.

Esta casona cuenta, además, con un showroom de diseño llamado Poodle Vintage, de la estonia Aune Ainsom, que se caracteriza por vender teléfonos de disco y radios antiguas, como una Gründig de los años 50 ($ 70.000).
Un poco más hacia el poniente, por la calle Rosas (con Av. Brasil), el diseñador de lámparas, Felipe Vergara, instaló su tienda Luzzila. Lo hizo en una antigua casa de dos pisos, que funcionaba como fábrica de carpas.

Al más puro estilo de las galerías del barrio Italia -donde se van sumando pequeñas tiendas al lado de la otra- este año recibió compañía: la artista visual Macarena Ugarte (Pium), la serigrafista Tikay y tres diseñadores llegaron a instalar el Taller Rosas, que el sábado pasado acaba de inaugurar su galería de arte contemporáneo, llamada Espacio CIA. Entrar es ver un vaivén de artistas, chicas con abrigos de piel, música industrial y cicleteros. “Hay muchos cursos puertas adentro en este barrio y lo que hicimos fue generar una vitrina y un punto de encuentro de todos ellos. Es lo que ha atraído a los jóvenes interesados en el arte y el diseño”, cuenta Vergara.

YUNGAY DE TODOS
El Café de Fábula está en calle Cueto, frente al Teatro Novedades. Lo que ahí se hace son reuniones en torno a la cueca y a los ñoquis con un aire más familiar. Sus dueños, el actor Gabriel Sepúlveda y la fotógrafa brasileña Helen Miranda, abren su casona cada jueves a las 7.30 PM con esos propósitos. Muchas veces, las clases de cueca terminan en una paila de mariscos, que se paga aparte de la clase ($ 3.500). No es lo único: el último sábado de cada mes preparan ñoquis a la usanza italiana para unas 25 personas que llegan a degustar a las 8.30 PM (el próximo 30 hay una y es mejor reservar).

La carta de ese lugar consiste en un antipasto, ensalada, ñoquis y café, y la sobremesa se acompaña con música italiana interpretada por el propio Sepúlveda. “Se forma una instancia bien entretenida entre familias que traen a sus niños pequeños, abuelos y adultos jóvenes”. Su público también va por los shows de tango y bandoneón que montan en el   (Huérfanos 2744), ubicado a pasos de ahí. Son todos los viernes, a las 9 PM.

Como si fuera poco, hay un espacio a punto de debutar en Santo Domingo con General Bulnes. Mañana, a las 3 PM, abre sus puertas La Cueva del Conejo, una agrupación de artistas que ya tiene dos talleres, uno en General Jofré y otro en Matta Sur. Eso, además de una galería de en San Isidro 604, donde se imparten talleres y prestan salones para recitales de pequeño formato.
La gestora de este nuevo minicentro cultural, la artista Constanza Cox, lleva medio año restaurando la casona y habilitando los talleres para 21 artistas -pintores, orfebres, serigrafistas y restauradores- y para una editorial independiente.

Los nuevos aires que soplan en Yungay van también de la mano de la aparición de galerías de ilustradores, como la de Carolina Zomosa, que en mayo abrió la Galería Gato de Mar en su propio hogar. Se trata de una amplia casona patrimonial del pasaje Adriana Cousiño, donde también organizan pequeños recitales acústicos con cantantes emergentes. El jueves 28, a las 8 PM, estará la joven guitarrista Conty, de baladas y música folk. También hay talleres, como los de stickers e imanes ilustrados que se hará el viernes 5 de septiembre.

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