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Los mejores lugares para ir a comer en familia

En el cerro Alegre de Valparaíso, el restaurante Le Filou de Montpellier es conocido entre los porteños por sus especialidades francesas, pero por una cosa más: ahí tienen pequeñas réplicas de los platos de la carta, pensados para los niños. Porque la idea, como dice la dueña, es que éstos coman lo mismo que los […]

En el cerro Alegre de Valparaíso, el restaurante Le Filou de Montpellier es conocido entre los porteños por sus especialidades francesas, pero por una cosa más: ahí tienen pequeñas réplicas de los platos de la carta, pensados para los niños. Porque la idea, como dice la dueña, es que éstos coman lo mismo que los grandes. Ahí es común verlos saboreando sopa de cebolla o beef bourguignon, blando y jugoso. “Es clave que desde los dos años prueben sabores diferentes, educarlos en la variedad. Y aunque algunos se nieguen hay que insistir”, dice la nutrióloga infantil de la UC, Salesa Barja.

Salir a comer en familia a restaurantes es algo propio de los tiempos modernos y lo que ahí sucede tiene importancia. “En torno a la comida se aprende a conversar, a respetar turnos y opiniones. También, a seguir una secuencia de acciones: sentarse, comer, esperar que el resto termine. Cuando lo que se practica en casa se pone en práctica en un restaurante, se llevan esos conocimientos a un escenario más grande, a uno social”, resalta Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infanto-juvenil de la U. de Chile, quien recomienda sacar a comer a los niños desde los cuatro o cinco años.

La especialista asegura que estar sentado a la mesa en lugares públicos sirve, además, para hablar de lo que le pasa a cada integrante de la familia, sin que la madre tenga que restarse por estar sirviendo. “Hay muchos niños que no saben qué estudia su hermano mayor, por ejemplo, y esta es la instancia para contarles”, afirma.

Según la crítica gastronómica Pilar Hurtado, no son tantos los locales que están preparados para recibir familias: “Deben tener garzones con paciencia, porque a veces los niños son desordenados e indecisos. También es importante que haya elementos para entretenerlos, porque los adultos nos demoramos más que los hijos en comer, y cuando terminan, quieren ir a jugar”, cuenta por experiencia propia Hurtado. Eso fue algo que Le Filou de Montpellier pensó bien, pues después de la comida, les pasan blocks y lápices de colores.

Para trabajar en el Fogón del Leñador, en Chicureo, cada postulante debe pasar por un período de prueba para ver si logran lidiar con los miniclientes. No podría ser de otra manera en un lugar frecuentado por cerca de 100 familias cada fin de semana y cuyo fuerte en menús infantiles está en la milanesa de pollo casera con puré de papas. Cuenta con un patio de 3.000 m2, con árboles para trepar, areneros y juegos inflables, donde un par de monitores los cuidan, mientras los adultos los observan desde la terraza calefaccionada. Si está lloviendo, en los livings del lugar se hacen actividades adentro (trucos de magia).

El patio es también el fuerte del restaurante Punta Brasa, en La Florida, un lugar de 2.500 m2 de jardín, donde los pequeños pueden jugar fútbol, saltar sobre la cama elástica o tirarse por los resbalines inflables, antes de comer o después de hacerlo. Si el clima no acompaña, se habilita un sector al interior del local donde pueden leer o armar juegos didácticos de madera mientras se les prepara uno de los platos más pedidos: la pechuga de pollo a las brasas con papas fritas o betarragas deshidratadas y horneadas ($ 4.990).

De cowboys y peces
El Establo, en Chicureo, pensó en una temática de agrado de los minicomensales cuando lo diseñaron. Adentro parece una pequeña ciudad al estilo cowboy, con espacios que emulan un establo, una oficina del sheriff y un saloon, el bar típico de las películas del oeste. ¿El menú para ellos? Carnes, pero también sushi, pizzas y hamburguesas. Además, en el patio hay columpios, resbalines y una sala con flippers. Lo entretenido para los más chicos es que su menú incluye fichas para jugar.

Cuando abrió Costamía, el restaurante de mariscos y pescados del Costanera Center, su carta ya tenía incluidos los platos en pequeño formato. “Entendíamos la importancia de que los niños aprendieran a comer pescado, porque no es natural el gusto por éste. Entonces creamos los nuggets de pescado -que también pueden ser de pollo- con papas fritas ($ 4.900). La recepción ha sido muy buena”, cuenta Alexander Dioses, el chef . El lugar tiene otro atractivo: sus cuatro acuarios gigantes, donde nadan hasta tiburones.

También hay algunos lugares fuera de la ciudad que han apostado por esta modalidad, para toda la familia. En la viña Matetic, en el valle de San Antonio -a 100 km de Santiago y a 70 km de Valparaíso- está el restaurante Equilibrio, que no sólo tiene platos en pequeño formato como ceviches y papas rellenas, sino que, además, hay atracciones adentro y afuera de la casona. Si el tiempo acompaña, los niños pueden salir a jugar a la laguna a alimentar a los peces koi y gansos domesticados. Eso, una vez que hayan probado el favorito: el volcán con salsa de chocolate tibio en su interior.

Diversiónen Miami
En la “capital de los cruceros” existe una cadena de restaurantes pensada para familias. Se llama Cool de Sac, y ahí hay de todo lo que les gusta a los niños, como pizzas y milkshakes, con ingredientes saludables si se piden. A las primeras les echan verduras, y a los segundos, leche de soya. En el lugar, las mesas son grandes para que quepan todos y, una vez terminado el almuerzo o cena, los niños pueden ir a una de las ocho salas que hay en el lugar a pintar cerámicas y a jugar con interactivos virtuales educativos. www.cool-de-sac.com

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