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Prisionero en Casa: La vida de un moderno ermitaño según Netflix

Por acá, las producciones de Bollywood no tienen gran popularidad, pero con películas como Prisionero en Casa, de Netflix, pueden ganar terreno en la plataforma de streaming. Una agradable comedia romántica para primavera.

Prisionero en Casa | Netflix

Por acá, las producciones de Bollywood no tienen gran popularidad, pero con películas como Prisionero en Casa, de Netflix, pueden ganar terreno en la plataforma de streaming. Una agradable comedia romántica para primavera.

Cansado de la vorágine de la ciudad, Karan (Ali Fazal) literalmente se encierra en su departamento con un solo objetivo: no salir más. Siendo independiente económicamente, pues su trabajo lo puede hacer desde casa, este protagonista lo tiene todo para ser un moderno ermitaño en Prisionero en Casa, filme que llegó desde India a Netflix.

Entre tareas prácticas del día a día, un robot aspirador que hace el trabajo duro y una consola de videojuegos que siempre está lista para ser jugada, el personaje de Fazal solo quiere olvidar lo que pasa afuera.

Aunque en su privilegiada posición se cree que es tan simple como apagar el celular y todo olvidado, los lazos humanos serán mucho más fuertes que sus convicciones personales.

Quienes están afuera no lo dejarán de molestar, así que obligadamente se verá envuelto en incómodas e hilarantes situaciones, tales como la de ser guardián de una misteriosa maleta rosada de su vecina Pinky (Barkha Singh), quien es hija de uno de los mandamases de la mafia india.

Tampoco lo dejará en paz Saira (Shriya Pilgaonkar), una periodista que investiga sobre un fenómeno social llamado hikikomori, una creciente tendencia en adultos jóvenes que se retiran de la sociedad a raíz de grandes traumas de los cuales no se han podido recuperar.

Romance de primavera

Si bien el hikikomori es un tema del que los japoneses están muy preocupados, y quizás es algo que debiéramos reflexionar sobre el por qué muchas personas en el mundo se están sintiendo solas, este tema es la excusa perfecta para que Saira y el protagonista crucen sus vidas.

En la orquestada entrevista, la que también él fue forzado hacerla por su amigo JD (Jim Sarbh) —y también por la insistencia de esta periodista—, el protagonista se va liberando de a poco de sus prejuicios y aprehensiones. De una tensa conversación pasa a ser una charla íntima, donde ambos se darán cuenta que tienen más de algo en común.

En resumen, una simpática comedia romántica para una amena tarde de primavera. Su humor es suave, y a la vez, causa ternura. Comedia y amor bien equilibrados en la trama.

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