La Casa de la Cueca, el rincón cuequero más emblemático de Santiago, está cumpliendo 35 años. Para festejarlos, recordamos sus historias más desconocidas.

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Agosto 10, 2018

“La casa del eterno 18” fue el nombre que le puso Álvaro Henríquez a la Casa de la Cueca.

No pudo bautizarla mejor, porque en esta casona de Av. Matta pareciera que todos los meses fuera septiembre.

En realidad no todos los días, sino el primer domingo de cada mes, la ocasión en que el matrimonio de María Esther Zamora y Pepe Fuentes abren las puertas de su casa para ofrecer buena comida y folclor en vivo.

No es ni un restaurante ni un club cuequero ni tampoco una peña: la Casa de la Cueca es un lugar de encuentro donde la chilenidad tiene el lugar que se merece.

Por ahí han pasado todos los cuequeros que se precien de tal, desde Los Chileneros a Margot Loyola.

Ni siquiera necesitan anunciar quien toca ni menos hacer publicidad para que esos domingos la casa se llene de gente que termina bailando en medio de las mesas.

Toda una tradición que ahora cumple 35 años y que el matrimonio de folcloristas celebrará como un gran festejo, como es debido.

Eso sí, el bailoteo no será un su casa de Av. Matta, sino en un lugar más grande, el Golden Music.

Ahí, el martes 14 de agosto -en la previa del feriado- tocarán María Esther y Pepe y también amigos como Daniel Muñoz, Los Palmeros, Los Tricolores y Los Ajíacos, entre otros.

Antes de la celebración, nos sentamos con María Esther Zamora a recordar los secretos e historias menos conocidas de los 35 años de la Casa de la Cueca.

Cuecas itinerantes

Mucho antes de la casona de Av. Matta, la Casa de la Cueca funcionó como encuentro itinerante.

Hacíamos una reunión de amigos y amantes de la cueca, el primer domingo de cada mes. Lo hacíamos en lugares que arrendábamos, como el casino Dávila Baeza o el Club Ramsay.

La casa de los repuestos

María Esther Zamora, foto: Valentina Miranda

Nosotros vivíamos en una lugar chico e incómodo, hasta que un amigo nos mostró una casa de dos pisos de Av. Matta llena de repuestos pesados.

Estaba hecha un desastre, como abandonada. Parecía una ratonera. Con decir que tuve que raspar el piso con un vidrio porque la virutilla no servía para limpiarlo.

Las primeras patitas de cueca

En 1983 partieron los encuentros en la casa de la cueca, siempre con la tradición del primer domingo del mes. Empezamos con poco, consiguiendo platos, vasos y sillas a mis amigos.

Los hoyos de las paredes los tapamos con ponchos que le había comprado a mis hijos. Se veían bonitos. Venían a tocar acá amigos como Los Chileneros, el Dúo Rey Silva y Héctor Pávez.

De fiesta en dictadura

Aunque partimos en plena dictadura, nunca tuvimos problemas para funcionar, porque los encuentros siempre se han hecho de día, de 1 PM a 8 PM.

Algunos se extendían hasta el otro día, con Roberto Parra y el Tío Lalo tocando hasta la mañana. Cuando me levantaba les cocinaba ajiaco.

A escondidas

Mis papás nunca se enteraron, pero yo empecé a pololear con Pepe cuando yo tenía 12 años y él ya era mayor de edad.

Era un músico conocido y lo veían en las fiestas que se hacían en las quintas de recreo de San Pablo.

A él le di mi primer beso y fue mi primer novio, pero nadie supo. Después se fue a vivir a Argentina.

Matrimonio con entrada

Con Pepe nos volvimos a juntar años más tarde y a fines de los ’80 nos casamos. La ceremonia se hizo en una iglesia de Av. Rondizzoni.

Nos casó el padre Juan Suárez, al que llamaban el párroco de los artistas. Arturo Gatica cantó el Ave María y Rabanito la marcha nupcial.

La fiesta la hicimos en un casino del barrio República y cobramos entrada y todos pagaron. Bailamos cueca sin parar, de las 12 PM hasta las 3 de la mañana.

Casa bendita

Yo siempre digo que esta es una casa bendita y no es mentira. Un día la bendijo el cura del Sindicato de Folcloristas.

Salimos todos a la calle y ahí mismo nos pusimos a bailar cueca, parando el tráfico de Av. Matta.

El cura era bien dicharachero y les decía a todos: “no vayan a hacer perro muerto, eh”.

La emoción de Pina Bausch

Las fotos de Pina Bausch en la Casa de la Cueca

A la Casa de la Cueca a venido mucha, pero una de las que más recuerdo es a la coreógrafa y bailarina Pina Bausch.

En una de sus visitas a Chile, vino a uno de nuestros encuentros, junto a Cecilia García-Huidobro.

Estaba muy atenta a lo que cantábamos y en un momento se emocionó. Yo la vi y también me emocioné.

Después cuando se iba, en el aeropuerto un periodista le preguntó que es lo que más le había gustado de su visita y dijo que la Casa de la Cueca.

Carreteando con Café Tacuba

También tuvimos a los mexicanos acá. Como eran amigos de Álvaro Henríquez, estuvieron vacilando y animando la fiesta.

Les encantó el pebre, se lo comieron todo, pero no entendían por qué servíamos tan poca de esa “ensalada”.

Álvaro Henríquez, de la casa

Pepe con la copa que le regaló Álvaro Henríquez

En los comienzos de La Negra Ester, todo el elenco de la obra se venía después de las funcionas a la Casa de la Cueca.

Entre ellos estaba Álvaro Henríquez, que era parte de la orquesta. Desde entonces nunca dejó de venir y ahora es de la casa. A veces, cuando estaba cansado, se venía a dormir acá, para estar tranquilo.

Los cuequeros de Chile le debemos harto a Álvaro. Antes, era música para los curados y los viejos. Hasta que él llevo la cueca al Festival de Viña, la puso en la cúspide. Por eso Pepe y yo siempre vamos a estar agredecidos con él.

Fue él quien le puso “la casa del eterno 18” a este lugar.

Y para los 80 años de Pepe le regaló una copa.

La Yein en Fonda

Foto: Nelson Araya

Hemos tocado en todas las Yein Fonda, desde la primera, que se hizo en Plaza Ñuñoa, hasta la de este año, que se hará en Peñalolén.

La primera vez fue emocionante ver cómo todo la gente, incluso adolescentes, salían a bailar cueca. Eso antes no pasaba.

Una vez, incluso, toqué en silla de ruedas en La Yein Fonda. Había sufrido un accidente en auto en Av. Matta y estuve tres meses en cama, pero igual fui a cantar.

Bacán tu casa

Un día llegó un joven acá diciendo que me admiraba y que quería grabar un tema conmigo.

Yo nunca lo había visto y le comenté a una conocida más joven y me dijo: “Pero si es Gepe, es súper famoso”.

Después volvió, trajo un tequila, comenzamos a tocar en el comedor y luego me dijo: “Ya está, lo grabamos”.

De ahí salió Solo, un tema muy lindo. Desde entonces, lo tenemos todos los domingos con nosotros.

El Aguja

El rincón dedicado a Segundo Zamora

Las paredes de la Casa de la Cueca las tenemos llenas de recuerdos y fotos.

Hay un rincón entero dedicado a mi padre, Segundo Zamora Alfaro, “El Aguja”, como lo llamaban, por la cueca del mismo nombre que hizo.

Acá incluso está la letra de una de sus mejores cuecas, Adiós, Santiago querido, escrita de su puño y letra.

Gracias a él conocí a los mejores folcloristas.

Avenida Pepe Fuentes

Entre los varios reconocimientos que nos han hecho, hay uno bien especial.

En Paine bautizaron un avenida con el nombre de “José Pepe Fuentes. Y no es una avenida cualquiera, sino una principal.

La Casa de la Cueca, el musical

Hace rato teníamos la idea de hacer algo con el teatro o el cabaret y una amiga dramaturga nos propuso hacer un musical, que se estrenó hace un par de años.

Se llama Vida, pasión y cueca de Pepe Fuentes y María Esther, y ahí contamos todas estas historias, junto a amigos como “Parquímetro” Briceño.

Se montó en el GAM y el Teatro Diana y esperamos volver a hacerlo.

La nueva generación

Ahora hay un montón de gente joven haciendo cueca y eso nos pone muy felices.

Pero hay un dúo que yo destaco, Los Tellibles, Miguel Molina y Claudio Mena, de 22 y 18 años.

Tocan de todo, arpa, acordeón, guitarra, y hacen todas la voces. Miguel, incluso, toca la guitarra igual que Pepe.

Son parte de su grupo y, además, se presentan siempre en La Picá de la Yasna, en Pedro Aguirre Cerda.

Ahora están colaborando con el Gepe. Tienen mucho futuro.

Foto principal: Valentina Miranda Vega